La Mesa de Gache · Miércoles 16 de septiembre · Madrid

¿Hace cuánto tiempo que no tienes una de esas conversaciones que te explotan la cabeza?

Sí, ya sabes cuáles. Como el iconito de WhatsApp:

🤯

Con una conversación de esas al mes, tu año sería otro año.

Ahora haz memoria. ¿Cuándo fue la última? ¿Dónde? ¿Con quién?

Si tienes que pensarlo mucho, esa es la respuesta.

Los temas de siempre

Te suena, ¿verdad?

El trabajo. Los niños. Lo caro que está todo. El capítulo de anoche...

En tu día a día, la mayor parte del tiempo te relaciones con las mismas personas. Y con las mismas personas casi siempre se hablan los mismos temas.

Conversaciones en piloto automático que podrías tener con los ojos cerrados.

Pero de vez en cuando, por casualidad, te encuentras en medio de una conversación que ¡bum! 💥​ Te hace estallar la cabeza:

En una boda te sientan al lado de alguien que no conoces. Una sobremesa se alarga con la amiga de una amiga. Tu vuelo se retrasa y acabas teniendo una conversación de 2 horas con la persona que espera a tu lado.

Y vuelves a casa con la cabeza a mil, dándole vueltas a cosas que ni sabías que llevabas dentro.

El problema es la palabra "casualidad"

Esas conversaciones hoy no las eliges: te tocan. Como la lotería. Puede caerte una mañana o puedes pasarte tres años esperando.

¿Sabías que hay gente que paga hasta 20.000 dólares al año por asistir a comidas organizadas para provocar este tipo de conversaciones?

Es gente que no quiere depender de la casualidad. No pagan el menú: pagan que alguien sepa montar la mesa correcta.

Mi propuesta

La Mesa de Gache

Si quieres más de esas conversaciones, tienes que buscarlas en el lugar adecuado.

Yo esto lo tengo comprobado: de una conversación nació mi podcast. De otra, mis vacaciones de los últimos tres años. Y de las mejores, las personas que hoy son mi equipo y mis amigos.

Así que me cansé de esperar a que me tocaran por casualidad. Y armé el lugar donde pasan a propósito.

Esto no es networking superficial. No es un mastermind tradicional. Y no es una de esas cenas de desconocidos que se reservan con una app.

Es la Mesa de Gache.

Diez personas que han decidido invertir en sí mismas. Caras nuevas y gente que repite, mezcladas a propósito: esa alquimia no la hace un algoritmo.

La hago yo, que conozco a cada persona que se sienta a La Mesa.

Un desayuno a la carta en un hotel 5 estrellas del centro de Madrid. Tres horas de conversación sin tarjetas, sin elevator pitch y sin temas de siempre, porque aquí nadie sabe cuáles son tus temas de siempre.

Ya llevamos siete Mesas. Julio, que ha venido cinco veces, lo llama "un oasis de la conexión". Y Laura, que va por la tercera, repite por una razón más práctica: dice que La Mesa de Gache "trae suerte".

Y te digo algo: cuando alguien vuelve cinco veces a La Mesa de Gache, no vuelve por los croissants.

Vuelve porque funciona.

Te propongo compartir una mañana conmigo y con personas como Laura y Julio, que, como tú, no quieren depender de la casualidad para tener conversaciones que les exploten la cabeza.

Que no esperan a que lleguen las oportunidades, sino que salen a buscarlas.

Los datos

La Mesa de septiembre

Lugar: Hotel 5 estrellas en el centro de Madrid (te lo revelo cuando reserves).

Fecha: Miércoles 16 de septiembre.

Horario: De 10:00h a 13:00h.

Incluye: Desayuno a la carta.

Plazas: Diez sillas. Ni una más.

Precio: 365 euros, IVA incluido.

La experiencia

¿Cómo se fabrica una conversación que te explota la cabeza?

Te cuento cómo va la mañana:

La Mesa de Gache: la mesa puesta en el hotel

Llegas a las 10:00. El hotel huele a gloria, café recién hecho, y una Mesa que llevo semanas armando: quién se sienta, y al lado de quién.

Te sientas a una mesa divina, puesta con un mimo que se nota antes de tocar nada.

Te sirven un desayuno exquisito: zumo de naranja recién exprimido, croissants recién hechos, huevos benedictinos deliciosos... porque las mejores conversaciones de tu vida pasaron alrededor de una buena mesa.

Nos presentamos sin cargos rimbombantes: quién eres, qué haces, qué te trae.

Hacemos la primera dinámica, la de romper el hielo. A la media hora se te olvida que llegaste sin conocer a nadie.

Y cuando la Mesa ya está caliente llega la otra dinámica, la fuerte. No te digo cuál porque siempre es sorpresa: en una de las últimas Mesas fue un sobre dorado con tu nombre (a mí me gusta decir que es de oro) y una pregunta dentro que te obliga a pensar. Los que repiten los coleccionan.

El resto lo hace la Mesa: ideas que apuntas, contactos que se ofrecen solos, alguna risa que no esperabas a las once de la mañana.

A las 13:00 termina la Mesa... oficialmente. En todas las Mesas anteriores hubo personas que se quedaron hablando, que se tomaron otro café, que continuaron la conversación por la tarde...

Y una cosa importante: nada de esa mañana es casualidad. Cada detalle está pensado para fabricar lo que ahí fuera depende de la suerte.

Las pegas

Antes de que me lo digas tú

"Esas conversaciones ya las tengo con mis amigos."

Puede ser. Pero haz memoria: las que de verdad te explotaron la cabeza, ¿no fueron casi todas con alguien nuevo? Alguien que te preguntó lo que las personas de siempre no te preguntan.

"365 euros por un desayuno es caro."

Por un desayuno, carísimo. Pero no estás pagando el desayuno, sino la exclusividad y la certeza de que las personas que te encontrarás apuestan e invierten en ellas y se toman en serio la Mesa.

"¿Por qué no dices qué hotel es?"

Porque te lo revelo cuando reservas tu lugar. El cuidado de los detalles es parte de la experiencia, y la sorpresa también. Lo que necesitas saber te lo digo ya: 5 estrellas, centro de Madrid.

"No conozco a nadie."

No hace falta. Conocer a cada persona de la Mesa es mi trabajo, y sentarlas juntas, mi especialidad. Tú llegas sin etiquetas y sin personaje. El resto lo pone la Mesa.

"Me da corte hablar con desconocidos."

No llegas a una mesa fría: llegas a una Mesa conducida por mí. Mi trabajo es que todas las personas que vienen a la Mesa tengan voz y participen.

"Un miércoles por la mañana no puedo."

Ya. Nadie puede. Y aun así, en cada Mesa se sientan diez personas con agendas como la tuya. No es que tuvieran la mañana libre: la liberaron.

Testimonios

Los que ya se sentaron

Y para que no te fíes solo de mí:

"Me gustó muchísimo: los compañeros súper interesantes, la dinámica súper bien conducida, el sitio espectacular y muchos aprendizajes de los que a posteriori te hacen pensar. Valió con creces cada céntimo pagado y cada kilómetro recorrido." Manel B., que vino desde Cataluña
"Al acabar tienes ese regusto de buen champán, de sentirte afortunado por haber compartido unas horas con personas que te elevan." Julio M., asesor financiero
"De aquella mesa salí con la alegría de haber vivido y compartido unas horas enriquecedoras con personas mágicas. Gache, tu mesa es magia." Yolanda, que ya ha repetido
"Esas mesas de Gache... cuánto cuidado, enriquecedoras y, sobre todo, tanto amor." Fátima T.
Ahora imagina

El miércoles 16, a la una y pico del mediodía

Sales del hotel y no vas mirando el móvil.

Vas repasando la conversación. La idea que te reordenó ese problema al que llevabas meses dándole vueltas. La frase que apuntaste para no olvidarla. Los dos teléfonos nuevos que sí van a contestar.

Por la tarde alguien te escribe: "¿Qué tal la mañana?"

Y tú no contestas "bien".

Contestas con el iconito. 🤯

Eso que hasta ahora te pasaba de casualidad cada dos o tres años, esta vez lo elegiste tú. Con fecha, hora y silla.

Como otra Laura (sí, han venido varias Lauras), que salió de su Mesa diciendo seis palabras que valen más que toda esta página:

"Encontré la pieza que me faltaba".


PD: ¿Quieres verlo con tus propios ojos antes de decidir? Una de las Mesas la grabamos y la convertimos en episodio del podcast. Sin guion y sin retoques: ver el episodio aquí.

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